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Mostrando entradas de septiembre, 2017

Medio mundo por un beso

Por una mirada, un mundo; por una sonrisa, un cielo; por un beso… yo no sé qué te diera por un beso.
Mmmm… ¡Qué hermosa manera de amar, qué bonito querer a alguien así! ¿Quién no ha querido sentir algo tan intenso? ¿Quién inspiraría un poema tan hermoso, tan sencillo, tan dulce? ¿Quién no ha deseado encontrar a alguien que te haga sentir así? Alguien que te haga sentir ese escalofrío antes del primer beso; esas mirada que primero se detienen en los ojos, luego bajan a los labios, haciéndote arder… Esas sonrisas mientras los labios se van acercando… Y el beso… ¿Quien no daría un mundo, un cielo… todo? Mmmmm… ¿Todo? ¿Mi mundo? ¿Mi cielo? Bueno… Todo quizás no. Porque nunca daría mi independencia. ¿Cómo estar con alguien que no respetara nuestra independencia, que se la quisiera quedar para él? Mmmm… tampoco darle todo mi tiempo libre. Porque me gusta tener mis vicios, me gusta estar con mis amigos, con mis letras, con mi mundo… Y sí…. Darte mis besos, mis sonrisas… Regalarte mis momentos, comp…

– No te vayas. Siempre te vas.

Me quedé mirando el picaporte que sujetaba con la mano derecha. En la espalda colgaba aquella mochila que tanto aprecio le tenía. Ella estaba en lo cierto, yo siempre me iba. Por una razón u otra, por una excusa o un subterfugio, por una realidad o una fantasía. Me giré. Seguía sentada frente a la pequeña mesa, blanca y redonda, donde reposaban su taza de café y la mía, un cenicero lleno de colillas y un paquete de tabaco rubio. Y la amapola que le había traído esa misma tarde y que ella había recibido con dolor: – ¡No! La has arrancado, nadie debería tener derecho a arrancar una flor. La había cogido de la carretera, volviendo del trabajo por aquella secundaria llena de bosque a un lado y campo al otro. Ella tenía el pelo negro y los ojos negros sobre la piel relativamente rosada de su cara más bien redonda. Era bonita, no especialmente guapa, pero bonita. Como las amapolas, no son flores especialmente hermosas pero cuando las encuentras en el campo se ven preciosas. Y yo, otra vez, me…

Siga la flecha

Será que no se trata de seguir una flecha, sino de seguir la mía propia. Con los años, que no son tantos, pero son intensos, he seguido los caminos que me imponían las personas alrededor. He fallado todas las veces que intenté acertar para otros y canté con orgullo las victorias de los demás. De pronto, confusa, qué tonta, salgo al balcón y me da por mirar. Al pasado, al futuro, a otra realidad. No sé si estoy donde quiero estar, pero sí sé que no soy quien quiero ser. Yo lo que quiero es ser otra. Y cuanto antes mejor. Ojalá un conejo blanco viniera a decirme que es tarde, es tarde, es tarde, que yo misma me estoy esperando y que la fiesta de corazones es, en realidad, en el propio corazón. Busco en la avenida alguna señal, alguna flecha que me diga el camino, pero sólo veo personas de todos los colores y formas que hacen sus vidas. Una detrás de otra. Y yo me pregunto, de todas ésas, ¿cuál querría ser? Me descubre a lo lejos una señora en su terraza. Toma café y enciende un cigarro.…