Primavera, ven

ELLA – INVIERNO
No he perdido la ilusión de escribir, simplemente me he quedado muda, con la mirada perdida en el mar y su voz adherida a mi alma. En mi interior cuento nuestra historia, lo hago mentalmente, hablando conmigo misma y contigo, murmurando sin voz diálogos imposibles entre ambos. Mis labios se mueven sin articular palabra y de vez en cuando gesticulo como si me quejara airadamente por algo, como si señalara algún objeto o como si te acariciara la cara sintiendo en mis dedos la aspereza de tu incipiente barba.
Vivo en un invierno demasiado gélido, demasiado mojado, demasiado cargado de soledad, un puto oxímoron para el corazón. Respiro, inhalo aire aterido, exhalo lava que se paraliza en el espejo del cuarto de baño y dibujo corazones con el vaho.
Me miento a lo largo del día como rutina para poder seguir adelante. Me digo que solo fue el fervor del momento, pero no, han ido pasando primaveras y mi pecho sigue marchito como esos últimos pétalos de amor. Me digo que todo va a salir bien y a la vez brindo por la añoranza de lo que ya no va a poder ser. No puedo salir de este bucle que me ahoga y me hace revivir constantemente lo acaecido.
Odio las noches, las cervezas a solas y mi mano tendida esperando la nada por no poder mirar a mi alrededor y encontrarte.
Ya sé que volverán a llegar primaveras, que no me quedaré estancada en el invierno o eso quiero creer. Mantengo la esperanza de volver a ver amanecer como antes de la catástrofe.
¿Catástrofe? En realidad el desastre soy yo. Eso lo tengo claro cuando me castigo con mis pensamientos, tan claro como que la suerte no me ha acompañado a lo largo de estos años. Quienes me conocen dicen que en mis manos está salir de este profundo agujero, como si fuera tan fácil ponerme el tutú y las bailarinas del número 36 para bailar ahora. Ya no puedo bailar como solía hacer, porque todas las canciones las escuché contigo o me recuerdan a ti.
La soledad es una puta que no se acuesta con cualquiera, a la que le gusta dormir a mi lado mientras yo paso cada noche en vela. A veces pienso que el comienzo de la nueva primavera ocurrirá en medio de un profundo sueño reparador o en el primer café de la mañana que tomaré con una sonrisa como las de antaño, cuando cada día empezaba con ilusión.
No puedo salir de la tristeza para caminar entre las flores porque previamente lo he tenido todo y en estos momentos sobrevivo sin nada o casi nada. Antes no necesitaba detenerme a cada paso para deshojar margaritas, como hago ahora, porque conocía la respuesta a cualquier pregunta. Creo que he acabado con mi primavera de tanto pisotear brotes de recuerdos y flores.
Primavera, ven. Devuélveme mis colores.
EL – PRIMAVERA
Las hojas de otoño se pudren mojadas por la lluvia y ensucian mis zapatos a cada paso que doy. Camino despacio hacia atrás, vengo del futuro invierno, observo el presente otoñal y sé que a mi espalda aún me espera mi pasado mientras me quito la ropa para soportar este infernal verano que me consume despacio la piel.
Las hojas de otoño se alejan y desconozco cuántos pasos atrás restan para volver a la ansiada primavera. Porque dos años sin primavera son demasiados segundos, minutos, horas, días y meses sin flores. Tus flores, las nuestras.
El suelo me quema en las plantas heridas de mis pies por haber recorrido y desandado en solitario un camino que no me correspondía. Me pregunto si a tu alrededor siguen creciendo las flores o sobrevive su semilla bajo una capa de nieve.
Sé que se hizo el invierno cuando me alejé de ti sin mirar atrás, porque era, precisamente, invierno cuando derretimos juntos la nieve y sembramos todo de un fecundo amor a nuestro alrededor.
Suena a lo lejos una canción, sigo sin atreverme a mirar atrás pero acelero mis pasos. Puede que a mi espalda haya un abismo que termine con todo mientras caigo al vacío, pero aún así acelero. Corro hacia atrás, corro tanto que el paisaje se desdibuja y la canción suena cada vez más fuerte, tanto que me sangran los oídos aunque no me duele.
Dice la canción que “nos enamoramos después de millones de años, en medio de una orgía de pingüinos salvajes”. Maldito Xoel López, maldito yo, maldito invierno, jodido otoño, puto verano, maldito todo.
Ya no corro, vuelo y mi espalda golpea una fría pared recubierta de escarcha. Respiro con dificultad, completamente desnudo, aterido por el frío. Alzo la mirada al cielo y veo cómo sale el sol en silencio. Hace tiempo que dejó de sonar el último acorde y siento cómo la hierba nace sanando las heridas de la planta de mis pies. Hundo los dedos en el verde y me giro lentamente, con miedo.
He chocado de espaldas contra la pared de hormigón de tu portal y mi brazo se alza hasta pulsar el timbre. Escucho tu voz por el interfono y aunque soy incapaz de decir nada, me abres.
Subo las escaleras mientras me visto de sonrisas y al llegar a tu puerta te encuentro otra vez cubierta de flores. Vuelve a sonar nuestra canción: “te dije que por siempre me quedo a tu lado, venga lo que venga, pase lo que pase”.
No hacen falta palabras, vuelve a ser primavera en nuestro ansiado abrazo.

- Krakens y Sirenas 

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