Invictus (poema)

Fuera de la noche que me cubre
negra como el abismo de punta a punta,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi inconquistable alma.
En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he estremecido o lamentado en voz alta.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de ira y lágrimas
yace el horror de la sombra,
aún así la amenaza de los años
me encuentra y me encontrará, sin miedo.
Importa nada cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
Yo soy el amo de mi destino;
Yo soy el capitán de mi alma.


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